En el 2025, la Jornada Nocturna demostró que el aprendizaje no tiene horario ni edad cuando hay propósito, creatividad y ganas de transformar la realidad. Mientras la ciudad cerraba sus rutinas diurnas, en nuestras aulas se encendían ideas, prototipos y proyectos que conectaron el conocimiento con la vida cotidiana.
A través de proyectos con enfoque Maker y la metodología GENIA, los estudiantes dejaron de ser solo receptores de información para convertirse en creadores, solucionadores de problemas y emprendedores de ideas. Aprendieron haciendo, equivocándose, mejorando y colaborando, integrando saberes de la ciencia, la tecnología y la sostenibilidad en propuestas reales y significativas.
Este proceso formativo reconoció las trayectorias diversas de jóvenes y adultos que, después de largas jornadas laborales, apostaron por su educación y demostraron que el talento florece cuando se brindan metodologías flexibles, prácticas y contextualizadas. Cada proyecto fue una evidencia de resiliencia, innovación y compromiso con su propio futuro y con el de su comunidad.
El 2025 quedará marcado como el año en que la Jornada Nocturna no solo capacitó estudiantes, sino que formó creadores, capaces de imaginar, diseñar y construir soluciones con sentido social. Porque aprender también es atreverse a crear, incluso cuando cae la noche.




























